En la ruta que recorro no voy sola, llevo de la mano mi depresión, una compañera fiel pero dura y dolorosa.
Este es mi diario, donde les comparto mi vida, mi camino en búsqueda del día en que ya no tenga que llamarme Depresiva Anónima. Ese día en que nos soltemos la mano y la depresión y yo recorramos rutas distintas. Acompañenme en esta travesía, los invito...

lunes, 22 de agosto de 2011

Día 15: Desesperanza

Quiero ser normal. Quiero poder venir a trabajar y sentirme bien. Ahora me siento como pez fuera del agua, me siento rara y no quiero estar acá. Quiero estar en mi casa, tranquila. No veo salida para mí, no veo como lograr salir de esto. No sé si es por la depresion, o por qué, pero en este momento no veo salida. Y estoy en el trabajo y no se siente bien, se siente como que soy una pieza mal encastrada.

Capaz si estuviera bien sería más fácil estar acá, seguramente que sí. De alguna manera logré estar casi 6 años. Pero no estoy bien, las ideas de muerte son recurrentes. Ayer pensaba que preferia morirme que venir a trabajar. ¿Qué es eso? Eso no puede ser normal, no puede estar bien. No tengo voluntad de vivir, aunque estar aquí por lo menos me hace anhelar el estar en casa.

Quiero curarme, necesito saber que se sale de esto, que un día voy a volver a ser la misma y me voy a sentir bien. Que alguien me diga que todo va a estar bien. Necesito cerrar los ojos, que alguien me acaricie la espalda y me diga “Todo va a estar bien”. ¿Voy a salir de esto? ¿Me voy a curar? ¿Por qué primero los ataques de pánico y después esto? ¿Por qué? ¿La vida me esta enviando un mensaje que no entiendo? ¿El mensaje es que mi mente no está bien? Ya lo entendí, ahora dejenme curarme, estar tranquila, sentirme bien… quiero paz. Necesito paz. Necesito felicidad, quiero olvidarme de esta depresión, que quede en el pasado y seguir adelante sin ella.

Tengo la sensación de que no hay esperanza para mí.

No veo la salida, no la encuentro. Ayuda...

domingo, 21 de agosto de 2011

Día 14: Ayuda por favor

Estoy podrida, harta. Basta. Mañana tengo que ir a trabajar y no quiero. ¡Hasta me da miedo! Encima tengo depresión. Y además tengo ganas de llorar, pero tengo tanta medicación encima que no me salen las lágrimas.

Rivotril, Fluvoxamina, Lamotrigina, Nidrane, Alplacin Digest, Respiridona, ¿alguien quiere agregar algo? Estoy aburrida de tomar tantos medicamentos, ¿por qué tengo que pasar por esto? ¿Por qué me toca enfrentar una depresión? ¿Por qué mañana tengo que ir a trabajar? Por qué ... por qué ... por qué ...

Escribo todo esto y me doy cuenta de lo ansiosa que estoy, tengo una ansiedad que va creciendo dentro mío y molesta. Ya sé, respirar hondo, pensar en cosas lindas, despejar la mente, y poner las cosas en perspectiva. El trabajo son 5 horas de mi día, nada más. El salario es malo, pero confío en que me lo suban o conseguir algo mejor (esta parte me pone muy nerviosa). Voy a tener sueño porque voy a estar mal dormida y tengo los horarios cambiados, pero son 5 horas y después puedo dormir. Me saltee 4 meses de trabajo, nada mal. Este año un tercio no lo trabajé. El jueves tengo libre, así que son 3 días y después uno libre. Me voy sintiendo un poquito mejor. Me voy a llevar mi reproductor de mp3, así puedo escuchar mi música. Voy a estar poniéndome al día con mis compañeros, así que no creo que trabaje mucho y capaz me divierto un rato. Si me levanto en hora voy a tratar de maquillarme, así voy sintiéndome lo mejor posible.

Me duele el pecho. Tengo ganas de llorar. Tengo ansiedad.

Ayuda por favor. Ayuda.

sábado, 20 de agosto de 2011

Dia 14: Llegó el domingo

Es oficial: mañana vuelvo a la vida "normal", a la vida de siempre. Mañana me reintegro a trabajar. Estoy reiterativa con este tema, pero es que me tiene preocupada. No sé cómo voy a rendir en el trabajo, cómo voy a aguantar, voy a estar con mucho sueño probablemente porque no estoy acostumbrada a los horarios, no va a ser fácil perder la libertad de estos últimos 4 meses.

De todas formas tengo que ver el lado positivo, finalmente estoy lo suficientemente bien como para afrontar el volver a mi empleo. Un día me vino un ataque de angustia, un martes fue. El lunes, el día anterior, dije "hasta mañana" y van 4 meses y todavía no volví. Es fuerte, me da ansiedad, es difícil, pero voy a poder, tengo que pensar que... ¡pasaron 4 meses! Ya mi depresión cumplió todo un proceso, no estoy curada, pero sin duda estoy mejor que aquél día que dije "hasta mañana".

Ahora sé a qué me enfrento, sé a qué se debe la tristeza que tengo, la angustia, la sensación de vacío. La falta de anhelo, cómo me hace falta anhelar algo, lo que sea. Si tan sólo me despertara contenta porque ése día voy a tomar un helado, por algo tan simple... pero todavía no llegó ese momento. Ya va a venir, como todo, y prefiero curarme bien, que mal y rápido.

Mañana es domingo, respiro hondo y junto fuerzas. Me va a ir bien.

Sweet dreams.

Día 13: El tabú de la depresión

El lunes es el gran día. Después de 4 meses de licencia médica otorgada por mi psiquiatra vuelvo al trabajo. Vuelvo al empleo que no me gusta, no es mi vocación, no paga bien... pero lo necesito, por poco que pague. ¿Cuándo voy a poder cumplir mis sueños? Sé que a pesar de que tuviera el empleo de mis sueños habrían días que no tendría ganas de trabajar, pero sería completamente distinto. No sería tanto el esfuerzo mental de hacer estas tareas que no me gustan y no son mi vocación.

Estoy pensando en escribir un libro sobre la depresión. Por supuesto que a nivel de "usuario", no cómo desde el punto de vista de un médico. Me encantaría, no sé cómo hacerlo realidad porque no tengo ningún contacto en ninguna editorial, no sé quien querría publicarlo. Pero sería un sueño cumplido que el mensaje le llegara a muchas personas, que vieran lo difícil que es la vida deprimido, ¡que todo el mundo entienda! Y que deje de ser un tema tabú. Porque uno no puede decir que tiene depresión como dice que tiene un resfrío, hay prejuicios de que van a pensar que "estamos locos".

Por suerte la palabra "psiquiatra" está dejando de ser tan tabú, y ahora ya es más común que las personas vayan y lo digan, sin ser juzgadas. Porque es horrible estar enfermo y que encima te juzguen. Son pocas las personas que son ajenas al tema e igual son comprensivas.

El lunes me voy a tener que enfrentar a 10 personas más o menos en mi empleo, que van a hacerme preguntas, van a querer saber, el por qué, qué tengo, qué es la depresión, qué se siente... No va a ser fácil, se que se va a hacer alguna broma a mis expensas, sé que cuándo abra mi pastillero van a haber varios ojos mirando (y muchas pastillas adentro).

Va a ser un esfuerzo, pero no me van a vencer antes de empezar. Pienso decir las cosas con claridad, resguardando mi intimidad, pero hablar sin miedo, cómo si fuera algo común. Porque a fin de cuentas: lo es.

viernes, 19 de agosto de 2011

Dìa 12: Sin medicación (ahora)

Hoy me olvidé de mis medicamentos en casa, y cuando me di cuenta era demasiado tarde. Estoy sin mi pastilla de la tarde y sin la bateria de comprimidos que tengo que tomar de noche. Por ahora estoy tranquila, es casi un experimento, porque desde que me diagnosticaron la depresión nunca me había pasado.

Igual no me gusta, me pone un poco nerviosa. Porque sé que esas horas sin ansiolítico no son buenas, porque a veces pago las consecuencias no de la mejor manera. La primera vez que me corté me había retrasado en mi medicación. Pero tengo que pensar que fue hace un par de meses, y que ahora podría no reaccionar tan drásticamente.

Estoy en una reunión, con amigos, y estoy pasando bien. Nadie me está encima preguntando "¿Cómo estás? ¿Cómo estás? ¿Mejor?", y eso ayuda, se deben de dar cuenta que estoy mas callada pero respetan mi silencio, y lo agradezco. 

Estoy pasando bien, sé que en un rato me voy a ir porque quiero mis pastillas, y cuánto más piense en ese tema más ansiosa me voy a poner. Hoy me toca practicar mis herramientas, practicar estar tranquila sin remedios.

No soy de esas personas que opinan que es un horror tomar muchos remedios, o que siempre es mejor arreglarselas sin medicación. Para mí la medicina está y sirve y ayuda, no aceptar esa ayuda me parecería ridículo. Aunque igual reconozco que me da pudor abrir mi pastillero frente a muchas personas, y lo hago medio a escondidas, no quiero que me pregunten... no quiero que me juzguen.

El que piense que puede curar su depresión sin medicamentos: bien por él. Pero no es mi caso, la medicina es mi aliada y la aprovecho, le saco ventaja.

Dejemos de lado los prejuicios sobre la medicación, el que quiera curarse meditando o con homeopatía y sin nunca tomar un antidepresivo que lo haga. En lo personal no podría, para mí se necesita esa ayuda para tapar los síntomas, y la terapia para curarlos.

Es un tema que da para debatir, ¿por qué tiene que darme verguenza mi pastillero? Siempre le digo a mi Mamá, "estoy tomando las pastillas ahora, así cuando sea mayor ya no las preciso".

Simplemente estoy adelantando una etapa, entonces cuando tenga 60 como mi Madre puedo arreglármelas sin medicamentos.

¿Qué opinan?

jueves, 18 de agosto de 2011

Día 11: La pregunta: "¿Cómo estás?"

A veces la vida duele demasiado, a veces parece que vamos a explotar, una explosión de dolor. Dan ganas de llorar, gritar y estar solo. Que nadie nos moleste, que nadie nos venga a preguntar... "¿Estás bien?" Sé que capaz me quejo porque tengo quién me lo pregunte, y quienes no lo tienen desearía que fuera así, pero a veces las preguntas pueden asfixiar.

El problema es que la respuesta la pregunta "¿Estás bien?" es "No." el 98% de las veces. No porque esté en un pico de angustia o depresión, pero sí porque estoy en una depresión, entonces por más que ésta no esté en su peor momento no estoy bien. Y no quiero tener que estar dando explicaciones de por qué. Me molesta tremendamente tener que dar explicaciones de por qué.

¡Porque no sé por qué! ¡No sé por qué me toca esta maldita depresión! ¡No sé por qué me despierto y no tengo ganas de vivir! ¡No sé! ¿Ok? Ay, parece que se lo dijera a quién lea este blog y no es así, se lo quisiera poder decir a todas las personas que son triviales en mi vida y molestan con sus preguntas. O me mandan un mensaje de texto que dice "¿Cómo estás?", y se me vienen a la mente las siguientes respuestas: mal, horrible, espantoso, triste, no tan deplorable como ayer, deprimida, con sueño. Pero las respuestas que puedo dar porque se trata de una persona que no es realmente cercana a mí y tengo que ser cortés son: bien gracias, todo bien, bien por suerte. También siempre está el salvador y evasivo: "¿Bien y tú?", entonces dirijo la conversación hacia la otra persona, y no hablamos más de mí y me siento mejor.

Si tienen a alguien querido con depresión, pregúntenle cómo está, háganlo sentir querido.

Pero si tienen a una persona que no es cercana a ustedes con depresión, a veces antes que preguntar, un simple "Si quieres hablar acá tienes un oído" es mejor.

Seamos gentiles y considerados, pero sin presionar, pensemos en cómo nos gustaría que nos traten a nosotros.

Sweet dreams.

Día 10: La muerte me atormenta

Querida Muerte: ¡deja de molestarme! Últimamente estoy teniendo muchos pensamientos relacionados con la muerte. Pienso como sería morir. ¿A dónde voy? ¿Qué sería de mi familia y mi pareja? ¿Podrían estar bien sin mí?

Antes de deprimirme el sólo pensar en la muerte me provocaba piel de gallina. Le tenía miedo, mucho miedo, además de ser una aferrada a la vida, que para mi era el regalo más grande que me habían dado. Hoy en día sigo pensando que la vida es un regalo, pero no siento miedo de morir.

No estoy queriendo decir que lo deseo, pero no le tengo miedo. Lo que sí me molesta, y mucho, son los pensamientos recurrentes sobre la muerte. A la noche o de día, viene despacito y se instala en mi mente un rato, a molestarme. Entonces me hace imaginar las maneras de las cuales ella podría llegar, el dolor que podría provocar, y hasta se da el lujo de hacerme dudar si la quiero o no.

¡Basta! Tengo que volver a mi antigua filosofía, por más problemas que tenga, por más perdida que esté en la vida, por mucho que odie mi trabajo, por poco dinero que tenga... ¡la muerte no es la solución! No es una solución, es un escape.

Es la salida de cobarde, morirme para no sufrir. Y yo cobarde no soy, así que muerte... dejá de atormentarme, no quiero que tú seas la solución, prefiero vivir y tratar de buscar una. ´

Quién sabe, capaz hasta termine saliendo todo bien.

Día 10: Tengo miedo

El lunes que viene empiezo a trabajar, hoy hablé con mi jefe y le confirmé que iba. Me da miedo, mucho miedo. Volver a la realidad dónde estaba, volver a la realidad que no me gustaba, volver... No quiero, ya armé mi zona de confort en mi casa, y ahora me sacan para volver al trabajo.

Lo mismo me pasaba cuando tuve los ataques de pánico, tenía que estar en algún lugar dónde me sintiera segura, cómoda, dónde sintiera que no corría peligro (aunque claro que no había ningún peligro inminente). Al principio sólo mi casa se sentía así, por lo tanto cuando tenía un ataque de pánico tenía que salir corriendo a mi casa, mi cuarto, mi cama, mis sábanas. Tenía que correr a la seguridad.

Con el tiempo lo pude manejar mejor, conseguí mi caja de herramientas mágicas, dónde una de las más poderosas era la que volvía mi escritorio, mi zona de trabajo, en segura. Utilicé mucho esa herramienta, porque no podía tener tantas faltas en mi empleo, así que era necesario que me quedara ahí. Además se complementaba con otra de mis herramientas más importantes: la calma. Conseguir estar en calma, llegar al punto dónde el ataque de pánico hubiese pasado y llegara un poco de paz.

Tengo miedo. Espero que cuándo vuelva el lunes siga teniendo a mano la herramienta de convertir mi zona de trabajo en una zona segura. No quiero angustia, no quiero tener que salir corriendo a la doctora, quiero estar tranquila. Aunque eso se que no lo voy a lograr por completo hasta que no consiga una situación laboral más satisfactoria. Ya dije que no me gusta mi trabajo, pero si la remuneración fuera mejor aunque sea sería más fácil de sobrellevar. Sé que no es conveniente que desde el primer día que voy vaya con la mente puesta en un aumento de sueldo, pero creo que no lo voy a poder evitar. Y creo que si no me lo dan... la decepción sería tremenda.

Tengo que encontrar el empleo de mis sueños. Quiero escribir un libro, pero no es tan fácil entrar en el mundo de las editoriales. Quiero escribir un libro y trabajo en finanzas... arte y números. Estoy en un empleo que no tengo que estar, que ya cumplió su ciclo, pero necesito su salario para sobrevivir. ¡Qué triste me pone eso! Porque ya van 6 años que trabajo ahí.

Creo que la raíz de mi miedo, es el miedo a no poder salir.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Día 9: Sueño desordenado

El sueño ya no es lo mismo que cuando estaba sana. Antes decía "me voy a dormir", me acostaba y dormía profundo hasta el otro día. Ahora no es lo mismo. O duermo mucho, alrededor de 10 o 12 horas o duermo muy poco, alrededor de 3 horas. Los dos extremos, y ninguno es bueno.

Además están los sueños, las pesadillas. Ayer les contaba sobre cortarme, y los sueños no han ayudado en ese tema. Tuve sueños recurrentes sobre sangre, que me cortaba, pesadillas horribles dónde me lastimaba. Y así es imposible descansar, porque me despierto sintiendo que me falta el aire, sobresaltada.

Al principio recuerdo lo espantoso que era no poder dormir. Me acostaba, con muchísimo sueño, y me despertaba a la media hora. Ahí ya no podía dormir más hasta 7 horas después más o menos. ¿Y qué hacía todo ese tiempo mientras esperaba en la cama poder dormirme? Pensaba, y con cansancio más depresión mis pensamientos no eran para nada felices, más bien eran tristes y angustiantes.

Ése fue uno de los primeros síntomas, que en su momento no lo tomé como un síntoma de nada, pero fue uno de los primero síntomas de la depresión. Después, con la medicación vino el otro extremo, el de dormir muchísimas horas.

Pero el descanso verdadero aún no ha vuelto. Se fue cuándo la depresión entró. No hay un día en que me despierte y piense "qué bien descansé". Por más cantidad de horas que pueda dormir gracías a la medicación, mi mente no descansa.

Estoy ansiosa del día que me cure y pueda dormir 9 horas y me despierte por primera vez en casi un año... descansada. Fresca. Le va a hacer mucho bien a mi mente.

Estoy aburrida de estar cansada, de dormir más que cualquiera que conozco, pero siempre estar con la batería baja.

¿Ustedes cómo duermen? ¿Pueden conciliar bien el sueño?

martes, 16 de agosto de 2011

Día 8: Cortarme para no sentir

Extraño mi música, mi psicóloga ya no me deja escucharla cuando estoy vulnerable. Empezó una vez, después de escuchar una canción que me encanta, quedé como sobregirada de adrenalina. Tan llena de adrenalina que precisaba hacer algo para descargarla. Mi elección no fue muy feliz, ya que lo que hice fue agarrar una tijerita y con ella empezar a cortarme la pierna. Primero raspé mi pantorrilla, testeando el filo de mi arma. Después utilicé sus puntas filosas para trazar dibujos en mi piel.

Desagradable. A partir de ahí por decisión de mi psicóloga mis tijeras las tiene mi madre, y le tengo que pedir permiso para usarlas y después devolverlas. Pero eso no pudo con mi insistencia, no fue hasta otro día que me vi con una maquinita de afeitar en la mano, y de nuevo fui al mismo lugar. Empecé a afeitar mi pantorrilla, al principio no hizo nada, pero después al pasar el filo de la máquina por el mismo lugar una y otra vez empezó a sangrar, a ponerse rojo y doler. A partir de ese día no hay ninguna maquinita de afeitar a mi alcance en casa.

Me parecía que al sentir el dolor físico el emocional iba a menguar, tenía que ser menor. No fue así, igual el dolor emocional persistió, y las dos veces quedé devastada después de lastimarme así. ¿Cómo podía atentar contra mi persona de esa manera? ¿Cómo podía lastimar mi piel? Cómo podía querer descargar mi adrenalina en mi propio cuerpo de esa manera...

Si hay alguien que está leyendo y estas ideas se le cruzaron por la mente le advierto: el dolor emocional no se va. Podemos estar unos minutos preocupados en buscar un poco de algodón para curar nuestra herida y así olvidarnos por esos instantes de nuestro corazón lastimado, pero no dura más que eso.

Un tajo en nuestra piel, hecho con nuestras manos, no cura un corazón que la depresión destruye.

Nuestro dolor físico no va a ocupar el dolor emocional.

Soltemos la tijera, y hagámonos una caricia, eso sí puede llegar a ayudar.

Día 8: Hay que hacer... ¿deporte?

Algo curioso de la depresión... parece que el deporte ayuda a superarla. Bueno, quizás no a superarla, pero sí a sentirse mejor mientras la padecemos. Hoy tuve mi consulta con la psiquiatra, fue intensa porque le conte que alguien se robó mis ganas de vivir, ¿y saben cuál fue su recomendación? Ejercicio aeróbico.

Cómo soy vaga para hacer ejercicio no voy a salir a correr por la calle ni las plazas, ni a tomar largas caminatas, y mucho menos pagar un club para hacer ejercicio. Entonces me decidí por una bicicleta fija, que la puedo instalar cómodamente frente a la televisión mientras la utilizo. Así compenso a mi parte vaga que quiere mirar tele, y cumplo con el ejercicio aeróbico para mejorar mi energía.

Porque esas fueron sus palabras, "te va a dar más energía" - me dijo. Y con probar no pierdo nada, tanto he hecho, me recetó un medicamento nuevo que por lo que pude ver se usa para la epilepsia, pero en mi caso es un estabilizador del humor. No sé ni lo que eso significa, pero todo lo que pueda ayudar a que mi conteo de pastillas disminuya en vez de aumentar cada vez más... sirve. Así que a hacer ejercicio aeróbico: ¡allá voy!

Capaz hasta adelgazo, sería un buen efecto secundario. Hagámos deporte depresivos, por más pereza que nos dé, parece que es necesario.

lunes, 15 de agosto de 2011

Día 8: El día que todo sea un recuerdo

Se necesita mucha paciencia durante una depresión. Hay que esperar a que pase, hay que saber aguantar los momentos de angustia, hay que sentir las lágrimas y saber esperar a que pasen... Es muy difícil saber esperar, en mi caso se trata de una depresión con un trastorno de ansiedad, así que ímaginense! La ansiedad me come, y lo único que quiero es que la depresión pase a ser un recuerdo.

Pero todavía no es así, me doy cuenta tres veces por día, cuando tengo que tomar mis remedios, si estuviera sana no los precisaría, y sin embargo los necesito para estar equilibrada. Son 5 remedios distintos los que preciso, 5 drogas recetadas por una doctora que me conoce, y sabe que con ellas estoy balanceada.

¿Cómo puede ser que con 28 años tome 5 drogas distintas para poder funcionar bien? Porque si no tomo mis pastillas me derrumbo, empiezo a sentirme ansiosa, o triste, mal... y no sé como más me puedo llegar a sentir porque no hice la prueba de saltearme medicamentos, ni quiero hacerla tampoco. Pero nunca me imaginé, tomando tanta cantidad de pastillas, (un minuto que lo pienso), son 11 comprimidos diarios.

A esto hay que sumarle ir a la psicóloga. Hago terapia dos veces por semana, antes iba una, pero ahora preciso ir dos, porque con una no es suficiente. Entonces voy dos. Y ahora se me llenan los ojos de lágrimas, mañana tengo psiquiatra también, así que sumamos tres sesiones para esta semana.

¿Por qué mi vida se convirtió en esto? ¿Cómo llegué a este punto? Es como que un día empezó todo, cuando tenía ataques de pánico... y aquí estoy! Tres años después los ataques de pánico los superé, pero ahora tengo una linda depresión para reemplazarlos.

Para no llorar tengo que pensar que voy a llegar a dónde quiero. Eventualmente, en algún momento, no voy a tener que tomar pastillas para funcionar bien. No voy a precisar terapia. Algún día voy a ser "normal", algún día voy a ser independiente. Será despacio, pero hacia allá voy, y voy a llegar a estar sana, feliz.

Algún día, la angustia que me agobia va a ser un recuerdo.

Fe.

domingo, 14 de agosto de 2011

Día 7: Hace una semana...

...recibía una bofetada gigante de tristeza. Pasé una madrugada devastadora, de esas en las que sé que me voy a levantar teniendo un día pésimo. Y así fue, no podía dormir, daba vueltas en la cama, pero el sueño no lo podía conciliar. Lo único que quería era despertar, ir a la psicóloga y descargar mi angustia.

El problema es que cuando fui descargué demasiada angustia, lloré tanto que mi cuerpo se drenó de lágrimas, y quedé devastada. Quedó un caparazón hueco, no tanto como aquél abril cuando todo empezó, pero el vacío fue enorme. Al otro día comencé este blog, este proyecto, tratando de llegar a alguien que le pudiera interesar mi camino, y a su vez enriquecerme con las experiencias de alguien que también lo haya recorrido o no.

Hace una semana el puzzle estaba completamente roto, las piezas desparramadas por todo mi dormitorio, y no hubiese podido localizar una emoción sana aunque tratara con todas mis fuerzas.

Pero eso ya pasó, y hoy no siento que vaya a ser una madrugada dónde geste un día de angustia. Creo que hoy en mis sueños voy a tratar de visualizar lo que me gustaría lograr, dónde me gustaría estar en este momento de mi vida. Porque una vez que sepa cuál es mi sueño, quizás sea más fácil llegar a él.

Me gustaría tener el espejo mágico de Harry Potter, mirarme en él y ver qué es lo que deseo. Qué es lo que deseo tanto que me deprime tanto no tenerlo.

Soñemos con sueños. Soñemos con deseos.

Sweet dreams.

Día 6: Universo te pido y agradezco un empleo mejor

Hoy es domingo, y el próximo domingo voy a estar mentalizandome de que al otro día tengo que ir a trabajar. El 26 de abril me dio licencia médica mi psiquiatra, primero por 3 semanas, después por un mes, después por otro más hasta llegar al viernes próximo, que es cuando se termina. En una semana y un día empiezo a trabajar despues de 3 meses y medio de ausencia.

No es por ser pesimista, pero ya me imagino el primer día encerrada en el baño llorando, me va a costar afrontar esa realidad. Me va a dar miedo. Es que fue en mi empleo donde gesté la depresión que hoy tengo. Sin darme cuenta, cual mamá que va llevando a su hijo en su panza, yo fui dejando que la depresión se instalara dentro mío y la empecé a nutrir y cuidar.

Es increíble, pero mientras trabajaba escribía borradores de mail que eran mis pedidos de ayuda. Hay uno que entre otras cosas dice:

"Que cara*** me pasa que hoy estoy asi? Estoy triste, esa es la palabra, es como que se quebro algo, y no tengo ganas de venir más, no tengo ganas de venir el lunes ni el martes ni el miércoles ni el jueves, ni el viernes que hay cumple, no tengo ganas de venir porque no quiero. (...) 

No me banco ni yo. estoy triste y depre y no se porque, tendria que estar contenta, es viernes, me caso, me voy a ir de luna de miel, puedo ir a planearla, puedo hacer una fiesta, probablemente tenga un vestido divino, la vida me esta sonriendo menos en el trabajo. en el trabajo fallo, estoy fallando. no quiero mas esto. (...) 

Necesito otra cosa... quiero otra cosa. Demando del Universo otra cosa más feliz para mi. Demando del Universo otro trabajo más feliz para mí, donde tenga ganas de trabajar, donde sea mi propia jefa y gane muchísimo dinero. Te lo pido Universo te lo ruego, ya está, quiero eso, por favor, sé que  me estás dando mucho en este momento pero quiero eso también. Me lo merezco y lo quiero. Gracias. De corazón te lo pido y agradezco."

Desde mi escritorio escribía plegarias pidiendo al Universo algo mejor, un empleo mejor que me haga feliz. Y hoy, 3 meses después lo vuelvo a hacer pero esta vez desde otro lado.

Universo, te pido por favor que me ayudes a encontrar el trabajo de mi sueños. A conseguirlo y ser feliz en el. Te lo pido por favor porque comprobé la angustia que puedo sentir al no tenerlo. Te lo pido y agradezco.

Para mí hablarle al Universo es sano, pidan y agradezcan, pidan de corazón y agradezcan desde el mismo lugar.

En una semana y un día me reintegro a trabajar... al lugar donde gesté una depresión. Al lugar desde donde escribí pedidos de ayuda al Universo. Al lugar donde me sentí tan triste. Preciso fuerzas, tengo que tener mucho coraje, y cubrirme de amianto para poder lograrlo. Voy a poder, pero hago el pedido de algo mejor.

sábado, 13 de agosto de 2011

Día 5: Comer, Rezar, Amar (Eat, Pray, Love)

Después de una crisis como la que tuve el lunes cosas muy pequeñas requieren de un gran coraje. Por ejemplo ver la pelicula Eat, Pray, Love (Comer, Rezar, Amar), con Julia Roberts. Se que esta película se trata de una mujer que busca su camino, y para ello viaja, se divorcia y me imagino termina siendo feliz. Pero empieza la película en el polo opuesto: deprimida.

Entonces... no es fácil ver a alguien que va a estar deprimida pero va a lograr hacer todo el camino hasta llegar a la felicidad... ¡y además es una historia real! Y ademas la protagonista es escritora que es lo que yo quiero llegar a ser. O sea que supera una depresión y se vuelve una escritora super conocida (Elizabeth Gilbert), porque de su libro hacen una película con Julia Roberts. ¡Ese es mi sueño!

Pero voy a tomar coraje y la voy a mirar. Y en vez de creer que es imposible, y que a mi eso nunca me podría pasar voy a tratar de creer que eso es posible y que si le pasó a Elizabeth Gilbert bien puede pasarme a mí. La película también habla de fe, algo que me está faltando en estos momentos, así que voy a absorber un poco de la fe que transmita, que bastante la necesito.

Tengo que creer, necesito creer, que el día de mañana, cuando vayan a mirar una película, puedan ver una basada en mi historia y protagonizada por una actriz ganadora del Oscar. ¿Quién sabe? Capaz es más probable de lo que pienso.

Día 5: Sábado... no es tan fácil

Desde que tengo depresión los viernes y sábados no son tan fáciles. Los disfruto, claro, pero las reuniones sociales no son precisamente lo que tengo más ganas de hacer. Voy si no puedo escapar del compromiso, pero después de un par de horas ya me quiero ir. Es que toda esa gente hablando de cosas triviales, riendo y charlando... no va con mi estado de ánimo. Por más que este en un buen día, cuando la tercera persona me pregunta: "¿Qué es de tu vida?", y tengo que mentir ya me empiezo a poner inquieta.

Es que no saben todos que hace tres meses que estoy con depresión, no saben que hace tres meses que no trabajo por licencia médica, no saben que abandoné la carrera que no me gustaba para tratar de encontrar el trabajo de mis sueños. No se si es por todo eso, o si es algo propio de la depresión, pero las reuniones sociales sólo las aguanto un ratito, no más.

Después ya me dan ganas de volver a mi casa, mi refugio, estar con mis cosas tranquila y no sentir presión de poner una máscara que diga un fingido "Está todo bien". Y tampoco se presta la situación para ponerme a contar en medio de un cumpleaños lo mal que estoy. Es limitante esta situación, porque hay eventos de los cuales no me puedo ir tan rápido, y me tengo que aguantar y la paso mal. Estoy harta de risas fingidas, de conversaciones que no me interesan, tengo algo muy intenso en mi vida y no me banco tanta charla trivial. Me aburre y no tengo ganas de escucharla ni de participar en ella.

La gente se da cuenta, y me dice "Estás callada", y sí, estoy callada... porque no tengo nada para aportar a una reunión social. Y me pone de muchísimo malhumor que me lo hagan notar. Así que no me molesten. ¡Salvo que quieran que los deprima a todos con mis confesiones!

viernes, 12 de agosto de 2011

Día 4: Las razones astrológicas

Hoy tuve mi clase de astrología. Me encanta la astrología y creo en ella, quienes no crean pueden tomarlo como una lectura divertida nada más.

Con mi profesora estuvimos viendo que pasaba en mi carta astral el lunes, el día en que me sentí tan angustiada y deprimida. Y encontramos algo parecido a lo que tenía en la carta astral el día que empezó mi depresión, un aspecto que afecta el subconciente. (Por si hay alguien que sabe de astro leyendo tenía por tránsito Marte en trígono a la cúspide de la casa 12, y Urano en conjunción a la cúspide de la casa 12 por).

Resulta que mi subconciente va a miles de kilómetros por hora, y quiere todo hecho para ayer, no puede esperar. Sí, esa soy yo, la ansiosa que siempre tiene que tener todo enseguida. Entonces ya soy así por naturaleza, y ahora le agregamos el plus de que sea así también por un aspecto astrológico que me está pasando.

Entonces la conclusión a la que se llega es: paciencia. Las cosas van a pasar, eventualmente se van a ir dando las situaciones que yo preciso, pero tengo que esperar. Porque si me pre-ocupo tanto me hace mal, y mucho mal, gasto mucha energía en pre-ocuparme y esa energía podría ser más valiosa de otra manera.

Así que cuando me venga una madrugada angustiante (¡aunque por favor no vuelvan!), voy a tratar de frenar, ver el panorama y anotar en una listita los problemas que tengo enfrente mío, y ver cuál puedo solucionar y cuáles tienen que quedar para después, para resolverse eventualmente de alguna manera que no se cómo va a ser. Y tratar de que eso me de paz, un poco aunque sea. Porque tengo que conseguir las herramientas para estar en paz y llegar a ella cuando la angustia viene a golpearme la puerta.

Paciencia. Qué palabra que me cuesta asimilar. Si tan sólo con un chasquido de dedos se consiguiera todo...

jueves, 11 de agosto de 2011

Día 4: Un buen comienzo

Saben que me pasó hoy... ¡me olvidé de la depresión! A pesar de que tuve psicóloga y psiquiatra, por un rato estuve distraída, cociné una torta, dormí una siesta y fui... persona. No persona deprimida, persona. Cuando me di cuenta, volví a pensar en la depresión, me sentí tan feliz de haberme olvidado de ella por un rato. Tiene que ser un buen síntoma, ¿no?

Y ahora estoy contenta, me voy a acostar contenta. Voy a mirar una de mis series de televisión preferidas, taparme bien con las mantas de mi cama y soñar tranquila. Estoy empezando un buen día, o al menos así lo siento. Mañana tengo clase, no me entusiasma demasiado ir, pero voy a ir igual para ocupar el rato. Me quedan pocos días antes de reintegrarme al trabajo después de mi licencia médica.

Pero ese es otro tema. Ahora nos quedamos con la parte linda. Que tengan un buen día. Sweet dreams

Día 3: Cita con Psicóloga y Psiquiatra (Ay ay ay...)

Hoy tuve una tarde interesante, primero una visita a la Psicóloga y después una visita a la Psiquiatra. A la psicóloga voy 2 veces por semana, así que eso se desarrolló como de costumbre, pero haciendo hincapié en la angustia aguda que tuve el lunes. Llegamos, creo, a la conclusión de que es porque me exijo demasiado. Porque quiero un aumento de sueldo así puedo ahorrar más y casarme y también quiero casarme teniendo el empleo de mis sueños y cumpliendo mi vocación. Decidimos que todo eso es mucho para enfrentar todo junto, sobretodo porque no se por dónde empezar.

El aumento de salario lo voy a pedir, y ojalá me lo den, pero como conseguir el trabajo de mis sueños... esa es otra historia. No tengo ni idea, espero que algún día mágicamente aparezca, o por lo menos aparezca la idea de cómo lograrlo. Sino voy a tener que seguir pensando, pero no demasiado para no ponerme ansiosa y angustiarme cómo el otro día.

Hay tantos estándares que cumplir, se supone que a mi edad ya tendría que tener tanta cosa que no tengo. Por suerte hoy en día los hijos se tienen cada vez con mayor edad, porque sino me tendría que estar preocupando por eso también. Uf, no. Too much.

Después fui a la psiquiatra, que a pesar de mi casi caída de un precipicio de desolación no me modificó la medicación. Porque llegó a la misma conclusión que yo: todo es producto de lo que me estoy exigiendo. Claro que si no estuviera deprimida es probable que lo pudiera enfrentar de una mejor manera, pero estoy deprimida, así que me lo tengo que aguantar. Difícil, hoy lo escribo con más facilidad porque ya pasó el dia pico de mi tristeza, pero apuesto a que sea así.

¿Por qué se necesita tanto? ¿Por qué no es más fácil saber cuáles son tus sueños y cumplirlos? ¿Y por qué tengo que enfrentar todo esto en medio de una depresión? Ay ay ay...

miércoles, 10 de agosto de 2011

Día 3: Mi edad y mi (desesperanzador) empleo

Recién vi una película dónde una mujer de 28 años, exactamente la misma edad que yo, logra sacar su vida de las cenizas y llegar a ser lo que siempre quiso. Obvio. Y del otro lado estoy yo, viendo una película sobre ella, pero no siendo ella.

Quiero tener el trabajo de mis sueños, donde sea exitosa. Lo necesito, cada célula de mi cuerpo depresivo lo anhela. Pero no es tan fácil, estoy en un trabajo mediocre, con una paga mediocre. Tengo posibilidades de que me suban el salario, pero igual no es mi vocación. Ni va a ser el salario que deseo, simplemente va a ser uno no tan mediocre.

¡Es desesperante cuando pienso que mi trabajo lo puede hacer un mono entrenado! Dénme un mono semi-capaz y le enseño mi trabajo... ¡hasta puede ser que lo haga mejor! Ok, no es tan así, no lo va a hacer mejor, pero mi empleo a mi parecer es básico. Todos esos años estudiando en el colegio, con las mejores calificaciones para ésto. Ahora me siento hasta vieja a los 28. La madre de la protagonista de la película que estaba viendo le dijo a su hija que "tratar de conseguir tu sueño a los 28 años es vergonzoso". Entonces supongo que soy vergonzosa.

Una gran porción de mi depresión se debe a mi falta de éxito laboral. Y a que descubrí mi vocación, que difiere por completo del campo en el que trabajo. Trabajo en finanzas (básicas) y quiero trabajar en arte (letras). No es fácil hacer el cambio, y tampoco es fácil seguir con un trabajo que no me gusta y paga mal porque igual necesito esos pocos pesos a fin de mes.

Eso me deprime. Aparentemente mucho, porque mi depresión fue declarada por mi psicóloga como multicausal, pero una de las causas es mi empleo. Mi triste y desesperanzador empleo.

Tengo 28 años y un empleo que no es lo que quiero. Eso me deprime y mucho. ¿A alguien le pasa lo mismo? ¿O estoy sola?

Día 2: ¿Quién se robó mis ganas de vivir?

Hoy me encuentro bien. Estoy tranquila, todavía no recuperada un 100% pero mejor. Pero hay una gran incógnita que se me plantea... ¿quién se robó mis ganas de vivir? Porque aún estando bien, no las siento. Es este sentimiento de nulidad, de no sentir nada lo que logra desequilibrarme. ¡Cómo puede ser que no tenga ganas de vivir! He llorado por duelos, hasta por mascotas que he perdido y aquí estoy yo, dándome el lujo de no tener ganas de vivir.

Es difícil de explicar, siempre tuve esas ganas, esa fuerza, garra, ganas de agarrarme con uñas y dientes a la vida. Y hoy no. ¡¿Cómo?! Por favor si alguien tiene la respuesta que me lo explique, porque no lo entiendo. Sé que si mi vida terminara mi familia sufriría, mis amigos también, mi pareja... y es por ellos que me aferro aún, y por un poco de miedo a la muerte también.

Quiero sentir de nuevo, sentir energía, voracidad por vivir. Hambre de días, de noches, de risas y alegrías. ¿Dónde están? ¡Vuelvan! Por favor, porque no se puede estar vivo sin ganas de vivir, o con indiferencia hacia la vida... Quiero volver querer a vivir. ¿Se entiende? Sé que es parte del proceso de la depresión, que pasa cuando uno está deprimido, pero es doloroso porque puede llevar a la angustia mayor que una persona puede sentir.

Hola Vida, ¿nos amigamos? ¿Puedo volver a quererte?

martes, 9 de agosto de 2011

Día 2: Empezando con una... sonrisa

Es la madrugada del segundo día, y estoy tratando de que los momentos previos a irme a dormir sean lo más alegres posible. Es muy difícil cuando estamos deprimidos ese momento, el de soledad que hay entre el estar despierto y dormido. Ese momento en que estoy "yo sola conmigo misma", y tengo que enfrentar lo que diga mi mente, tratar de conciliar el sueño, no ponerme nerviosa, no tener pensamientos depresivos o autoagresivos... Es muy difícil apagar esa luz y ver la noche.

Se que después de la noche y el sueño viene la mañana, el despertar. ¿Y cómo voy a despertar? Eso no lo sé, y me inquieta. Porque hay buenas madrugadas, donde duermo tranquila y sin esas imágenes horribles en mi cabeza, pero también hay madrugadas... feas. Muy feas. Madrugadas donde lo único que hago es gestar el ataque de depresión que voy a tener al despertar. Entonces despertar es una pesadilla, y sólo siento angustia y una tristeza profunda, desolación. Pero creo que no es el caso de hoy. Porque por más que esté en una depresión: hay días buenos. Existen esos días, y es a ellos a los que me aferro cuando estoy en los días malos.

Ahora todavía sigo golpeada del dolor del día espantoso que tuve antes de ayer, pero estoy luchando por salir a flote, por tener otro día bueno. Por poder empezar este día... con una sonrisa.

Día 1: Tristeza versus Esperanza

El día de ayer fue devastador. ¿Cómo se combate la tristeza que derrumba el alma? Las lágrimas no eran suficientes, ni tampoco la esperanza. Ayer me quebré, me rompí en mil pedazos y ahora estoy tratando de juntarlos para volver a formar un esbozo de persona.

No se como sobreviví a tanto dolor, no sé... algún angelito me habrá ayudado, porque mi cuerpo era sólo el caparazón de un alma triste. Estaba desolada, sin esperanza, no veía salida. En realidad veía una, la peor, la más grave, la que lastimaría a todos los que me quieren: usar esas pastillitas que me recetó el médico para caer en un sueño profundo, y finalmente descansar.

Pero no se puede, ¡no lo hagan! La vida vale la pena, hay una voz, lejana todavía, pero está, que me dice que vivir vale la pena. Y que no se puede destrozar así a quienes nos quieren, porque siempre hay alguien a quien le va a importar, siempre hay alguien a quien nuestra ausencia le va a doler, y nuestra presencia alegrar. De eso tengo que convencerme yo también, y llenarme de fuerza... ¡cómo me hace falta la fuerza! ...para seguir adelante, para lograr labrarme un futuro donde haya sonrisas, risas, color y VIDA.

Estoy en una depresión. En este momento soy una depresiva, soy una mujer con depresión. Punto. No tiene vuelta ese asunto, es así. Tomo medicamentos para alivianar los síntomas, hago terapia para curarme, pero hay días como el de ayer en que me derrumbo. Ya van 3 meses, y me dicen que una depresión puede durar de 6 meses a 1 año... Tengo que tener paciencia, tengo que tener fuerza, tengo que poder llevar el día a día lo mejor que pueda, y tratar de robarme una sonrisa aunque sea.

Quiero vencer esta tristeza que me abruma, me envuelve, no sé cómo hacerlo, pero si hay alguien que me está leyendo y está pasando por lo mismo, entonces somos 2. Y entre los dos tenemos que encontrar esperanza, porque tiene que haberla. Y si hay alguien que me está leyendo y ya pasó por lo mismo, sobrevivió y está feliz... ¡por favor que lo comparta! Que nos de un rayito de luz y esperanza. Escucho a las dos personas, y con las dos quiero compartir lo que me pasa. Necesito saber que no estoy sola. ¿Hay alguien ahí afuera?