Mis días de sueño duraron poco más de una semana, pero mis días sin trabajar duraron mucho más. Mi doctor me dio licencia por enfermedad por 5 meses. Pensé que sería genial, pero me costó mucho encontrar una rutina sin trabajo, saber qué hacer con mi día, cómo aprovechar el tiempo.
Al principio no hacía más que ir a terapia, mirar televisión y ver a mi novio. Eso era todo... literalmente. Poco para una chica de 28 años, muy poca actividad, pero no encontraba que hacer. Otra vez me sugerían que hiciera deporte, pero no es lo mío, no me gusta, así que no lo hice. Es que después que me desperté de esos días que dormí no le encontraba el gusto a muchas cosas. Toda actividad me era un poco indiferente, no tenia avidez de hacer nada. Fueron 5 meses muy tranquilos, demasiado quizás. Mis amigas no tenía muchas ganas de verlas, lo hacía por no perder el contacto, pero en realidad no tenía ganas de hacer nada, todavía me estaba despertando.
La licencia del trabajo se pasó rápido a pesar de que duró mucho. La terapia nueva era más difícil que la anterior, volver a acostumbrarse a una persona, volver a contar todas tus intimidades a un desconocido y tratar de darle tu confianza no es fácil, pero lo intenté con todas mis fuerzas, había que salir adelante.
Empecé a ir a clases de astrología, para hacer algo divertido mientras ocupaba mi tiempo libre. Me divertían, pasaba un rato entretenido, pero no llenaban mi vacío.
Nada lo llenó, fueron meses vacíos y así los voy a recordar. Días de transición, de cambio de plumaje, esos días que hay que soportar para esperar a que lleguen los nuevos e interesantes.
En la ruta que recorro no voy sola, llevo de la mano mi depresión, una compañera fiel pero dura y dolorosa.
Este es mi diario, donde les comparto mi vida, mi camino en búsqueda del día en que ya no tenga que llamarme Depresiva Anónima. Ese día en que nos soltemos la mano y la depresión y yo recorramos rutas distintas. Acompañenme en esta travesía, los invito...
Este es mi diario, donde les comparto mi vida, mi camino en búsqueda del día en que ya no tenga que llamarme Depresiva Anónima. Ese día en que nos soltemos la mano y la depresión y yo recorramos rutas distintas. Acompañenme en esta travesía, los invito...
lunes, 14 de mayo de 2012
Mis días de sueño
Lo que yo no sabía era que cuando el doctor me hablaba de hacerme dormir lo decía de manera literal. Me hizo una cura de sueño moderado. Primero me cambio toda la medicación que estaba tomando, pasé de tomar alrededor de 7 medicamentos a tomar 3, lo cual fue un alivio. Pero me los dio en dosis especiales, para hacerme dormir una semana. No dormía las 24hrs, pero debería de dormir unas 14 horas más o menos. Y el resto del día lo pasaba en la cama también.
Era como un estado de sedación, no tenía muchas fuerzas, me levantaba para darme una ducha y me volvía a acostar. Fueron días muy intensos, porque dormía a cualquier hora, entonces me encontré varias madrugadas desvelada porque ya había dormido durante el día, y enfrentarse al mundo de madrugada no era algo que yo pudiera hacer con facilidad.
Lloraba en esos momentos, llamaba a mi doctor que me había dicho que lo llamara a cualquier hora... más de una vez lo desperté a las 5 de la mañana con miedo de todo lo que estaba sintiendo. Los días se empezaron a hacer largos y tediosos, ya mi cuerpo quería salir de esa cama y ese cuarto y reencontrarse con el mundo. Pero esperé, con paciencia esperé y dormí y lloré.
Cada lágrima era un miedo doloroso que se mostraba, me sentía enjaulada, en cautiverio. Quería salir pero no podía. Mi doctor me visitaba todos los días, y me trataba de ayudar. Pero en esos días no había mucho para hacer por mi más que esperar.
Así fueron mis días de sueño, la cura de sueño que aún no se por qué la llaman así. Dicen que aliviana los síntomas, dicen que hace olvidar lo que estaba pasando, puede ser. Lo que seguro hace es descansar el cuerpo, y la mente también, hasta que solo quedan las emociones en bruto, la sensibilidad a flor de piel.
Era como un estado de sedación, no tenía muchas fuerzas, me levantaba para darme una ducha y me volvía a acostar. Fueron días muy intensos, porque dormía a cualquier hora, entonces me encontré varias madrugadas desvelada porque ya había dormido durante el día, y enfrentarse al mundo de madrugada no era algo que yo pudiera hacer con facilidad.
Lloraba en esos momentos, llamaba a mi doctor que me había dicho que lo llamara a cualquier hora... más de una vez lo desperté a las 5 de la mañana con miedo de todo lo que estaba sintiendo. Los días se empezaron a hacer largos y tediosos, ya mi cuerpo quería salir de esa cama y ese cuarto y reencontrarse con el mundo. Pero esperé, con paciencia esperé y dormí y lloré.
Cada lágrima era un miedo doloroso que se mostraba, me sentía enjaulada, en cautiverio. Quería salir pero no podía. Mi doctor me visitaba todos los días, y me trataba de ayudar. Pero en esos días no había mucho para hacer por mi más que esperar.
Así fueron mis días de sueño, la cura de sueño que aún no se por qué la llaman así. Dicen que aliviana los síntomas, dicen que hace olvidar lo que estaba pasando, puede ser. Lo que seguro hace es descansar el cuerpo, y la mente también, hasta que solo quedan las emociones en bruto, la sensibilidad a flor de piel.
La apuesta
En mi primer consulta con el doctor mi corazón latía a mil revoluciones por segundo. Venía de días de insomnio, de dormir no más de 1 o 2 horas por día, estaba desesperada en todo sentido, no me aguantaba más dentro de mi cuerpo. Todo había sido muy rápido además, sólo unos minutos antes estaba encerrada en el baño de mi trabajo llorando, y ahora estaba en un consultorio tratando de salvarme.
Hablé con el, y me acuerdo de lo primero que me dijo "A ti hay que hacerte dormir", y que razón tenía, mi mente ya no podía más, anhelaba unos segundos de sueño aunque fuera. Desesperada como estaba las preguntas salían de mi desordenadas y alborotadas, y entre ellas salió la pregunta de si me tomaba como paciente. Tenía una psicóloga que me trataba, y también una psiquiatra, pero evidentemente algo ahí no estaba funcionando bien. Así que en unos segundos decidí cambiar. Todo se decidía así, en cuestión de segundos. El es terapeuta y psiquiatra, así que ya no tendría que ir con dos personas sino que sólo con el. Me aceptó y acepté, todo comenzaba a tomar forma, todo apurado, rápido, sin pensar, fue todo más intuición que razonamiento.
Quedamos en que la próxima vez nos veríamos en mi casa. Me dio licencia para el trabajo, así que al otro día ya no volvía a trabajar por lo menos por un mes. ¡Qué alivio! Y el me iba a visitar en mi casa al comienzo del tratamiento, consideraba que así era mejor.
Llamé a mi psicóloga y me despedí, con culpa, con dolor porque el vínculo con ella era muy fuerte. Me despedí de mi psiquiatra también y comenzó la apuesta. La gran apuesta que hacía para ver si lograba un presente mejor. Cerré los ojos y aposté todas mis fichas al nuevo doctor.
Hablé con el, y me acuerdo de lo primero que me dijo "A ti hay que hacerte dormir", y que razón tenía, mi mente ya no podía más, anhelaba unos segundos de sueño aunque fuera. Desesperada como estaba las preguntas salían de mi desordenadas y alborotadas, y entre ellas salió la pregunta de si me tomaba como paciente. Tenía una psicóloga que me trataba, y también una psiquiatra, pero evidentemente algo ahí no estaba funcionando bien. Así que en unos segundos decidí cambiar. Todo se decidía así, en cuestión de segundos. El es terapeuta y psiquiatra, así que ya no tendría que ir con dos personas sino que sólo con el. Me aceptó y acepté, todo comenzaba a tomar forma, todo apurado, rápido, sin pensar, fue todo más intuición que razonamiento.
Quedamos en que la próxima vez nos veríamos en mi casa. Me dio licencia para el trabajo, así que al otro día ya no volvía a trabajar por lo menos por un mes. ¡Qué alivio! Y el me iba a visitar en mi casa al comienzo del tratamiento, consideraba que así era mejor.
Llamé a mi psicóloga y me despedí, con culpa, con dolor porque el vínculo con ella era muy fuerte. Me despedí de mi psiquiatra también y comenzó la apuesta. La gran apuesta que hacía para ver si lograba un presente mejor. Cerré los ojos y aposté todas mis fichas al nuevo doctor.
La semilla del cambio
Hace 9 meses hice un cambio drastico. Cambié de un momento para el otro de psicóloga y psiquiatra. Fue sin previo aviso para ellas, y sin previo aviso para mí. Una tarde me encontré encerrada en el baño de mi trabajo llorando y diciendole por celular a mi madre que iba a renunciar. No aguantaba un segundo más seguir así, no podía tolerar otro momento en esa oficina y en mi cuerpo desesperado por una solución.
Pero, cauta como soy, antes que renunciar y quedarme sin trabajo se me ocurrió otra idea. Hacía un par de meses, la primer noche que me había cortado, habíamos llamado a un psiquiatra conocido de la familia. Era una urgencia porque eran las 4 de la madrugada y no podíamos ubicar a quienes me atendían a mi. Así que lo llamamos a el y pedimos una consulta de emergencia. Vino a mi casa, a esa hora de la madrugada y se quedó charlando conmigo un par de horas.
Entonces, encerrada en el baño le dije a mi madre que por qué no lo llamábamos, capaz me podía ayudar. Así que ahí mismo lo llamé, pude hablar con el y le pedí una consulta. Me dijo que si, que iba a hablar con su secretaria para ver que hora tenia libre. Y ahí fue cuando le expliqué que no entendía. Precisaba una consulta ya, en el momento, no podía esperar. De tanto insistir lo convencí, así que salí del baño, agarre mis cosas y dije "Me voy por hoy, tengo médico", y sin más, me fui.
Pero, cauta como soy, antes que renunciar y quedarme sin trabajo se me ocurrió otra idea. Hacía un par de meses, la primer noche que me había cortado, habíamos llamado a un psiquiatra conocido de la familia. Era una urgencia porque eran las 4 de la madrugada y no podíamos ubicar a quienes me atendían a mi. Así que lo llamamos a el y pedimos una consulta de emergencia. Vino a mi casa, a esa hora de la madrugada y se quedó charlando conmigo un par de horas.
Entonces, encerrada en el baño le dije a mi madre que por qué no lo llamábamos, capaz me podía ayudar. Así que ahí mismo lo llamé, pude hablar con el y le pedí una consulta. Me dijo que si, que iba a hablar con su secretaria para ver que hora tenia libre. Y ahí fue cuando le expliqué que no entendía. Precisaba una consulta ya, en el momento, no podía esperar. De tanto insistir lo convencí, así que salí del baño, agarre mis cosas y dije "Me voy por hoy, tengo médico", y sin más, me fui.
9 meses después...
...las cosas han cambiado. Ya cada segundo no es agonizante, la tristeza no me embarga y aunque aun sostengo que alguien se robó mis ganas de vivir el mundo se ve un poco mejor. El tiempo pasó, y sin que me diera cuenta me hizo una suave caricia y me dejó más tranquila. Siento más paz. No estoy tan ansiosa, ni desesperada, aunque las situaciones y mi contexto sean los mismos.
Sigo con el mismo empleo, pero estoy más a gusto. Tomé una nueva filosofía, esto es lo que tengo por ahora, así que lo voy a aprovechar. Ya vendrá lo que quiero. Quizás la oportunidad de escribir ese deseado libro, o de trabajar en los medios como me gustaría, ya vendrá... De a poquito, muy de a poquito, la fe comienza a resucitar. Todavía no está, todavía no tengo fe en que en el futuro voy a tener lo que quiero, pero no siento desesperación pensando lo contrario. Es difícil de entender, encontré un punto donde se que tengo que esperar, y nunca se sabe que podrá pasar.
9 meses después las cosas han cambiado. Con pasitos de bebe estoy aprendiendo a caminar de nuevo.
Sigo con el mismo empleo, pero estoy más a gusto. Tomé una nueva filosofía, esto es lo que tengo por ahora, así que lo voy a aprovechar. Ya vendrá lo que quiero. Quizás la oportunidad de escribir ese deseado libro, o de trabajar en los medios como me gustaría, ya vendrá... De a poquito, muy de a poquito, la fe comienza a resucitar. Todavía no está, todavía no tengo fe en que en el futuro voy a tener lo que quiero, pero no siento desesperación pensando lo contrario. Es difícil de entender, encontré un punto donde se que tengo que esperar, y nunca se sabe que podrá pasar.
9 meses después las cosas han cambiado. Con pasitos de bebe estoy aprendiendo a caminar de nuevo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)