Hace 9 meses hice un cambio drastico. Cambié de un momento para el otro de psicóloga y psiquiatra. Fue sin previo aviso para ellas, y sin previo aviso para mí. Una tarde me encontré encerrada en el baño de mi trabajo llorando y diciendole por celular a mi madre que iba a renunciar. No aguantaba un segundo más seguir así, no podía tolerar otro momento en esa oficina y en mi cuerpo desesperado por una solución.
Pero, cauta como soy, antes que renunciar y quedarme sin trabajo se me ocurrió otra idea. Hacía un par de meses, la primer noche que me había cortado, habíamos llamado a un psiquiatra conocido de la familia. Era una urgencia porque eran las 4 de la madrugada y no podíamos ubicar a quienes me atendían a mi. Así que lo llamamos a el y pedimos una consulta de emergencia. Vino a mi casa, a esa hora de la madrugada y se quedó charlando conmigo un par de horas.
Entonces, encerrada en el baño le dije a mi madre que por qué no lo llamábamos, capaz me podía ayudar. Así que ahí mismo lo llamé, pude hablar con el y le pedí una consulta. Me dijo que si, que iba a hablar con su secretaria para ver que hora tenia libre. Y ahí fue cuando le expliqué que no entendía. Precisaba una consulta ya, en el momento, no podía esperar. De tanto insistir lo convencí, así que salí del baño, agarre mis cosas y dije "Me voy por hoy, tengo médico", y sin más, me fui.
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