En la ruta que recorro no voy sola, llevo de la mano mi depresión, una compañera fiel pero dura y dolorosa.
Este es mi diario, donde les comparto mi vida, mi camino en búsqueda del día en que ya no tenga que llamarme Depresiva Anónima. Ese día en que nos soltemos la mano y la depresión y yo recorramos rutas distintas. Acompañenme en esta travesía, los invito...

lunes, 14 de mayo de 2012

Mis días de sueño

Lo que yo no sabía era que cuando el doctor me hablaba de hacerme dormir lo decía de manera literal. Me hizo una cura de sueño moderado. Primero me cambio toda la medicación que estaba tomando, pasé de tomar alrededor de 7 medicamentos a tomar 3, lo cual fue un alivio. Pero me los dio en dosis especiales, para hacerme dormir una semana. No dormía las 24hrs, pero debería de dormir unas 14 horas más o menos. Y el resto del día lo pasaba en la cama también.
Era como un estado de sedación, no tenía muchas fuerzas, me levantaba para darme una ducha y me volvía a acostar. Fueron días muy intensos, porque dormía a cualquier hora, entonces me encontré varias madrugadas desvelada porque ya había dormido durante el día, y enfrentarse al mundo de madrugada no era algo que yo pudiera hacer con facilidad.
Lloraba en esos momentos, llamaba a mi doctor que me había dicho que lo llamara a cualquier hora... más de una vez lo desperté a las 5 de la mañana con miedo de todo lo que estaba sintiendo. Los días se empezaron a hacer largos y tediosos, ya mi cuerpo quería salir de esa cama y ese cuarto y reencontrarse con el mundo. Pero esperé, con paciencia esperé y dormí y lloré.
Cada lágrima era un miedo doloroso que se mostraba, me sentía enjaulada, en cautiverio. Quería salir pero no podía. Mi doctor me visitaba todos los días, y me trataba de ayudar. Pero en esos días no había mucho para hacer por mi más que esperar.
Así fueron mis días de sueño, la cura de sueño que aún no se por qué la llaman así. Dicen que aliviana los síntomas, dicen que hace olvidar lo que estaba pasando, puede ser. Lo que seguro hace es descansar el cuerpo, y la mente también, hasta que solo quedan las emociones en bruto, la sensibilidad a flor de piel.

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